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Me había quedado dormida, desperté, había soñado con montañas y ríos desplazandose entre los árboles, barcos que desendían entre la corriente, y yo viajando en todos, multiplicada y dividida, haciéndome gestos de despedida a mi misma o como si con el gesto quisiera anticipar un encuentro. Los barcos se hundían y todos hablaban al mismo tiempo mientras yo, en sueños, intentaba fijar las palabras, las últimas, y hasta creí que lo había logrado, pero el último barco se fue al fondo, las sílabas despejadas, sueltas, borbotearon en el agua,exhalación de la palabra ahogada, subieron a la superficie, sonoras pero sin significado, adiós no era, ni promesa, ni testamento, y aunque lo fueran, sobre las aguas ya no habría nadie para oírlas.
-Aquí acaba el mar y empieza la tierra - J. Saramago
¿Qué más me podría gustar de la vida que despertar y ver que duermes y, probablemente, sueñes lo mismo que yo?
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